INFANCIA

Cuando repaso lo que ha sido mi vida, apenas caigo en cuenta del transcurrir de mis veintiocho años. Veintiocho velas que he ido aprendido a aceptar con  aparente naturalidad por las implicaciones que trae consigo el término de ser adulta, crecer, ser grande.

Repaso con detalle cada momento de mi niñez, aventuras, juegos, risas, la compañía de mis seres amados, mi caluroso hogar. -Recuerdo el amor de mis padres, y el sacrificio con el que me sacaron adelante, un sacrificio que más bien significa amor, y es un amor tan grande, un amor verdadero.

Entre la risa, y los momentos que corrían y dibujaban el espacio que habitaba, disfruté mi tiempo jugando con mis hermanos; hicímos locuras y travesuras; rompímos las porcelanas de mi mamá, y también la caperuza de la lámpara favorita de mi papá que se prendía con petróleo y se sotenía en un base labrada en vidrio grueso, y rígido.-

El sonido de mi niñez fue entonces, el alboroto más dulce y encantador, de aquella época que también alternaba en soledad y que a mi corta edad disfrutaba al máximo.

-Recuerdo estar sentanda en mi cuarto rodeada de muñecas, imaginando espacios que añoraba vivir cuando fuera grande; sí, porque siendo niña anhelé en más de una ocasión crecer para sentir la vida desde otra perspectiva; entonces me arropaba en 13344663_10154332510411119_8619628649194993007_nmi soledad, y fantaseaba con realidades paralelas en las que me veía siendo adulta, y venían a mi mente, imágenes de una mujer exitosa, una mujer fuerte y también poderosa-.De aquellos recuerdos, me aferro a la sensación de sentir esa fuerza interna que posibilitaba el más inverosímil de los deseos, los cuales plasmaba con pasión escribiendo al interior de un diario de hojas color rosa perfumadas.

Junto con mis deseo, los secretos de niña anhelando ser adulta, quedaban resguardados en el  pequeño candado de corazón, al que siempre consideré mi armazón.

“El corazón ha sido la premonición , el aprendizaje más querido y vigente de hacer siempre las cosas con amor genuino. De todos sin duda el mensaje más profundo, el recuerdo más sincero”

Para ese entonces, solo podía imaginar que crecer era una escena divertida de la película de mi vida en la que me desenvolvía como toda una artista profesional; divagaba entre los días siendo una reconocida actriz y /o locutora de radio, y pasaba los días ensayando los libretos que inventábamos en las tardes con mis hermanos, para depués almacenar en cassettes, historias de aquella adultez que viví siendo apenas una niña. A lo mejor, y lo más hermoso de aquella época en la que soñaba -cuando fuera grande- era mi capacidad para lograr lo inalcanzable.

…“Y el miedo que no conocía muy bien, me lo comía en el paquete de gomitas ácidas favoritas que me traía en ocasiones mi papá cuando llegaba por la tarde del trabajo”

El tiempo pasó, fui creciendo, aprendiendo con los años a mimetizarme en el espacio de manera profesional como lo hacían los adultos, moviéndome como ellos, pensando como ellos y porqué no, actuando de la misma forma. Ya eran tiempos de roles, aventuras de mayores, tales como, las facturas por pagar en mitad de mes, o que un domingo  llegada las seis de la tarde me empezara a prepara sicológicamente para iniciar el lunes, y que se esfumara con la tarde la libertad de usar mi prenda de vestir preferida, porque en la historia de vida que había escogido de grande, solo podía disponer de  mi “jeans” los viernes, entonces,  lo viernes eran mi día de “jean day” y  por consiguiente el tope de mi realización y mi sensación de triunfo… de vez en mes recordaba cuando era niña, y volvían a mi mente recuerdos entrecortados de sueños no realizados en mis momentos de soledad, porque aún y ahora cuando ya soy grande, no ha dejado de acompañarme, y yo por mi lado no he dejado de disfrutarla.

“La soledad es una buena compañera -hay cosas que nunca cambian- y que deben gestarse en la niñez, solo para que podamos comprender el significado de nuestra transición adulta”.

Ahora justo y cuando soy adulta, sin tiempo de sobra para jugar, fantaseo en las tardes sentada en  el escritorio  de mi oficina con aquellas épocas no muy lejanas, y  aferrada sin ganas de soltarme, le arrebato al tiempo recuerdos de un pasado en los que lo único que importaba era jugar, no había espacio para la preocupación por triunfar, y por no dejar escapar el éxito, -formula secreta de los adultos- y el medio para alcanzar la “realización”.

Y empiezo a entender que había que crecer;  que el reloj no ha corrido en vano, y que el paso de los años no han sido simples episodios casuales de una historia más, entiendo y conecto la añoranza de desear una adultez, en el albor de mi adorada infancia, como la señal para volver a esa niña siendo ahora una mujer; y entiendo porque ya no me como el miedo en ese paquete de gomitas, lo veo justo a mi lado, convivo con él -vuelvo a nacer-.

Se desbaratan las coincidencias entretejidas en decisiones de vida que tenían que ser ,que debían manifestarse, y vuelvo a recurrir al pasado pero no con un sentimentalismo desbocado, sino como la pieza clave de mi rompecabezas.

Y vuelve  a mi mente la tan añorada formula secreta adulta, la palabra clave oculta, que he buscado siendo adulta, pero que jamás encontré…y devuelvo la mirada a un lugar ya conocido, y con ímpetu decido regresar a mi niñez.

MA VIE EN ROSE

#escrituraparasanar

 

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