CUANDO LO TUYO ES SER BUÑUELO

Mi escenario preferido de niña era al interior de un  Porsche Boxster, que por cierto viene a descubrir que era, y porque me fascinaba tanto jugando con mis hermanos “Need for Speed” (videojuego), muy normal en el transcurrir de mi niñez al ser la única mujer de 3 hermanos.mujeres-al-volante-14

Al comienzo, simplemente era el jugador que hacía falta para agrandar el ego de estos tres personajes que ya eran lo suficientemente expertos en el oficio de maniobrar el control del play station con una increíble precisión en las curvas de los escenarios de carreteras en locaciones europeas, o en el interior de  paisajes que para mis ojos de niña eran absolutamente hermosos, y es que cuando se es mujer no es fácil escapar a los detalles, lo digo porque siempre fui la que más se demoró al escoger el carro de mis sueños, con el color de mis sueños, y la apariencia de mis sueños, obviaba para ese entonces, y aun lo hago, que lo verdaderamente fundamental era la estructura mecánica que determinaría mis opciones de lograr ventajas en las carreras con mis “rivales”; el cilindraje, las llantas, el motor, la palanca de cambios, que si quería que fuera automático o mecánico, o cual marca de rin escogería entre otras cuestiones que por obvias razones no logro recordar, era un trabajo demasiado arduo para entenderlos a mis escasos 9 o 10 años y  por consiguiente mis mecánicos de cabecera serían los encargados de engallar mi carro tipo “Fast and Furious versión 90´s@”.

Al comienzo la sombra del buñelismo invadía mis opciones de ser  la mejor, y mi puntuación en relación a la de mis hermanos decrecía dramáticamente al punto de que mis opciones de acceder a los carros supersónicos no se veía como posible y las ampollas en los dedos gordos por manejar el joystick, amenazaban con borrar la importantísima huella dactilar que nos define e identifica.

Aun así y contra todo pronóstico la práctica terminaría operando a mi favor, y mi cuerpo junto con la vibración de los controles adquiriría una condición aerodinámica generada por el  balanceo al ritmo de las curvas en la cama de mis papas y los constantes brotes de adrenalina; fue así como logre posicionarme en la tabla de jugadores destacados, y la dicha de ganar una que otra carrera trajo consigo que abandonara casi que por completo mi status de “la jugadora que hacía falta” para convertirme nada más y nada menos que “Anita Fittipaldi” como me llamaban mis hermanos.

Entre juegos y risas pase gran parte de mi niñez explorando el mundo de los videojuegos y de las consolas con sus cambios entrados los 2000´s; fueron épocas felices junto a mi Boxster convertible, hermoso, del que aún conservo gratos momentos.

Ya en mi época de universitaria aproximadamente de 21 años y ya bastante grandecita para enfrentarme al volante, puesto que en Medellín mis amigos ya habían obtenido su licencia tras alcanzar el curso de manejo a eso de los 15 o 16 años, tuve mi primer acercamiento con la necesidad de enfrentarme a la comunidad de conductores y de cierta forma porque añoraba la libertad que daba el carro y la facilidad de desplazamiento, me embarque en un curso que supuestamente me dejaría lista para enfrentarme a las autopistas, y no a cualquier tipo de autopistas aclaro, indudablemente need for speed no me preparó lo suficiente para las vías de  mi ciudad (Medellín es una montaña), y mucho menos para las lomas que hay que escalar. El curso se pasó, el pase se obtuvo pero nadie jamás me menciono que manejar en la ciudad era un completo desafío, entre frenar y sincronizar el clutch para poder arrancar en subida, sin acelerar demasiado, pero sin sacarlo tan pronto, que si el motor hace ruido es porque pide cambio, que hay que mirar por los espejos pero sin desatender el carro de enfrente, pero ojo porque lo que proyectan los espejos laterales no son aproximaciones reales, que si pitas agobias, que es mejor manejar en tenis que en tacones ni se diga en sandalias (no lo hagan), que hay que aprender a utilizar la emergencia para evitar que el carro termine rodándose por la superior, que tienes la vía pero no la vida, que si giras el timón a la derecha la llanta se mueve a la izquierda y viceversa explíquenme por qué!, que la reversa no permite grandes aceleraciones, que si se apaga el carro y las luces están prendidas el daño puede ser grande, que hay que pagar soat, el impuesto de rodamientos… nadie te prepara para eso, para la revisión de los 10 mil kilómetros, para las tanqueadas matutinas, las lavadas, no sufrir por las rayadas, las chocadas, los taxistas las motos y la puteadas, tampoco las parqueadas…

A eso he logrado acostumbrarme y manejo, jurando no hacerlo nuevamente cada vez que al bajarme del carro he perdido tres kilos, no siento la nalga de apretar cuando debo atravesar la loma de los balsos que siempre me toca en rojo, y el imprescindible desodorante que me acompaña mi fiel compañero de ruta porque sin importar la intensidad del aire, el frio, la lluvia sudo como si hubiese corrido la media maratón.

Hoy debo confesar que Need for Speed no me preparo lo suficiente para manejar, a mis hermanos y los que han tenido la experiencia de ser mis pasajeros, los admiraré siempre, lo que si no podrán evitar es la risa cuando desenfrenadamente me alientan, Anaaa tu puedes a todos nos pasa…

Y a ti papi debí hacerte caso, lo mío es el carro automático (creo), lo bueno es que el Boxster viene asi…

Saludos desde buñuelandia.

MA VIE EN ROSE.

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#escrituraparasanar

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6 respuestas a “CUANDO LO TUYO ES SER BUÑUELO

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